Comprador activo y trabajador flexible: Emprendedores del futuro


“El pasajero de Ryanair ya no es tan tonto”. Así titulaba la nota de Expansión.com que daba cuenta de un cambio en el comportamiento de los viajeros de esta línea aérea de bajo costo, que ya no llevaban más que un maletín y que preferían llevar su colación antes que comprarla durante el vuelo. Los altos ejecutivos de la aerolínea se mostraban sorprendidos por esta evolución en la conducta de los pasajeros, pese a que el cambio —en este caso, en forma de adaptación— es más bien la norma de estos tiempos revueltos. Muy enérgico fue el Doctor Caro al resaltar el carácter cambiante, y por ende incierto, del entorno que rodea a las organizaciones en el siglo XXI. Tal vez donde más se ha percibido esta verdadera revolución dinámica e impredecible es en el ámbito de las comunicaciones. Carlos Ojeda nos decía que si los 80 fueron la década del hardware y los 90 se concentraron en desarrollar el software, los años 2000 han marcado el ascenso incontenible y, de momento irreversible, de las redes sociales que utilizan a internet como plataforma. Es, justamente, el advenimiento de estas nuevas posibilidades tecnológicas el que ha dado origen a un nuevo concepto tanto de organización como de consumidor, así como a la aparición de novedosas y cada vez más complejas relaciones entre ambos.

Francisco Javier Caro planteaba que, si hace algunas décadas eran las empresas quienes manejaban a su antojo las comunicaciones vinculadas con su marca, en la actualidad y gracias a (o, más bien, por culpa de) internet, las organizaciones ya no controlan los mensajes que circulan acerca de ellas. Sitios web, blogs y foros de discusión se han convertido en herramientas clave al momento de decidir qué, dónde o cuándo comprar. Este inmenso flujo de comunicaciones que aluden a las distintas marcas, y que pueden llegar no sólo a influir, sino que incluso a determinar los actos de consumo de las personas, dan cuenta del enorme poder con que cuentan los clientes en la actualidad. Pero, claro, para que un sujeto se empodere en este sentido debe cumplir con una serie de requisitos. De partida, debe tener competencias computacionales un poco más que básicas para poder buscar, encontrar e interactuar con la información que requiere. Segmentos importantes de la población, especialmente en los estratos mayores y en los grupos más desvalidos, ya quedan excluidos de participar de esta red de compradores/buceadores/ comentaristas por esta sola exigencia. Otro requerimiento básico es el tiempo que se debe dedicar a la recolección y comparación de la información disponible en la web acerca de un determinado artículo o servicio. Es sabido que, en por estos años, el tiempo es uno de los bienes más preciados dada su aparente escasez. Aún más importante es la actitud que ha de tener el comprador, que ya no puede ser un receptor pasivo de comunicaciones pre-aprobadas por la organización interesada, sino que debe tener la inquietud suficiente para querer cuestionar esta información “oficial”. Debe tener, por ende, una actitud, una postura, una mentalidad mucho más activa frente a su entorno, pues sólo de su propio grado de curiosidad y de su afán por conocer a través de canales “alternativos” dependerá, en un grado importante, la calidad de su adquisición.

Tal como la internet misma, que requiere un lectoautor que ya no sólo consume contenidos preestablecidos por terceros sino que también puede generar y compartir su propio material textual o audiovisual, el nuevo mercado global y en red favorece a aquellos compradores activos, que no se conforman con los mensajes publicitarios o con el discurso aprendido de un vendedor, sino que buscan en sitios especializados o entre sus propios pares —quienes le generan una mayor confianza— la información necesaria para tomar decisiones. La función de internet, por el momento, parece ser en todo caso complementaria —y no sustitutiva—respecto de los canales tradicionales de adquisición de bienes y servicios. Ella permite al usuario comparar distintos automóviles, teléfonos o muebles en términos de sus características principales y su precio, pero en ningún caso reemplaza la visita al salón de ventas para conocer el producto in situ. Porque aunque finalmente se llegue incluso a comprar el objeto por vía electrónica en caso de alguna oferta especial, el cliente siempre tratará de ver en terreno qué es lo que va a comprar.

El nuevo rol que puede asumir el consumidor en esta época se suma, así, a las nuevas responsabilidades que traen los tiempos venideros para el individuo. Basta con recordar el futuro de cambio permanente (tan apasionante como complejo) reseñado por Francisco Pérez Fresquet, o las características que marcarán el trabajo (y, por ende, las oficinas) en un par de décadas más, según lo expuesto por Rafael Girón: Personas más activas en su forma de relacionarse con las empresas, y abiertas a nuevas dinámicas en el ámbito laboral, dominado por el manejo de las tecnologías de la información y de al menos un par de idiomas no maternos, configuran el panorama, desafiante y exigente, para los años venideros.

Pero tal escenario plantea, al mismo tiempo, numerosas oportunidades. Gracias a las nuevas formas de comunicación, todos podrán trabajar para todo el mundo. En esta línea va el anhelo del nuevo presidente del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad de Chile, Fernando Flores, quien a poco de asumir anunció: “Lo que yo quiero es que jóvenes chilenos hagan cosas y las exporten desde su escritorio”. La eliminación de las fronteras geográficas, comunicativas y tecnológicas que antes hacían impensado un desarrollo como el actual y el futuro implicará, para la empresa, numerosos cambios. Se verán reducidas las jornadas laborales, disminuirá el tiempo exigido de permanencia física en la empresa, todo empleado estará muy capacitado y en la práctica arrendará su trabajo al mejor postor (convirtiéndose las empresas en clientes de este profesional). El teletrabajo será la norma, y no una excepción vanguardista. Mayor libertad para los empleados, pero al mismo tiempo mayores responsabilidades; reconocimiento y remuneración de acuerdo con el cumplimiento de objetivos más que de horarios; y más tiempo libre y, por ende, mejor calidad de vida son algunas de las implicancias previsibles del futuro modelo.

Las posibilidades que se vislumbran para las próximas décadas parecen indicar que triunfarán aquellos (individuos, organizaciones empresariales, entidades en general) capaces de adaptarse, rápido y de buena gana, a los nuevos tiempos. El consumidor activo —que cuestiona las versiones oficiales nacidas en un departamento de márketing con el fin de optimizar su proceso de compra— y el trabajador flexible —capaz de orientarse en función de las necesidades del mercado laboral globalizado— aparecen con buenas posibilidades de éxito, muy por sobre el comprador pasivo (que no podrá sacar el máximo provecho de sus transacciones) y el trabajador rígido (que dejará pasar múltiples oportunidades de crecimiento y expansión). Ambos —comprador activo y trabajador flexible— cabrían, así, dentro del concepto más amplio de emprendedor que se ha introducido en este curso.

5 pensamientos en “Comprador activo y trabajador flexible: Emprendedores del futuro

  1. Sin duda Francisco Javier, que la internet a producido una nueva era para los negocios y una nueva oportunidad para nuevos emprendimientos.

    Los actuales modelos de negocios por internet se suelen enfocar hacia dos vertientes, una propuesta de valor y otra enfocada dentro de un marco financiero, es decir, su modelo de ingresos. El modelo de ingresos trata de describir el método utilizado por las empresas para ser rentables a largo plazo, utilizando internet como única fuente de ingresos, en definitiva, el modelo nos va a decir las vías que va utilizar la empresa para “hacer caja”.

    Este nuevo escenario permite un consumidor más y mejor informado y por otra a los emprendedores encontrar nuevas ideas de negocio. Para esto, hay que tener presente que una idea se convierte en oportunidad cuando tiene una característica de ser atractica, duradera, realista y que se vincule a un producto o servicio que crea o añade un valor significativo a sus consumidores o usuarios.

    Nosotros las personas somos la web, la controlamos y podemos hacer con ella lo nos propongamos. La web está en nuestras manos y somos los protagonistas.

  2. No en vano Time nos eligió a nosotros (el público en general, productor de contenidos en la web, representado en un simple “You”) como Personaje del Año en 2006. La bajada de la portada era bastante clara: “Ustedes. Sí, ustedes. Ustedes controlan la Era de la Información. Bienvenidos a vuestro mundo”.

  3. Los cambios generacionales en la toma de decisiones han generado avances en los ámbitos administrativos de empresas de bienes y servicios. Estas generaciones jóvenes que crecieron con los avances tecnológicos de las comunicaciones son los que están cambiando las empresas. Son conocedores de gestiones administrativas de todo el mundo y tienen la capacidad de discernir lo mejor para su realidad, son los que están reduciendo las jornadas de trabajo, cambiando horarios rígidos por tareas en tiempo flexible, los ingresos están siendo variables dependiendo de los objetivos logrados, los reconocimientos de los empleados vienen por la dedicación y la responsabilidad en el desempeño de sus actividades y esto trae consigo como reza el articulo mejor calidad de vida. Las organizaciones que están bajo este modelo hoy son noticia y son conocidas a través de la prensa y la televisión. Será labor de las nuevas generaciones empoderarse de los cargos decisionales para crear los cambios necesarios en las organizaciones, y hacer de este modelo una filosofía de las empresas.

  4. Quisiera agregar que no sólo los consumidores están cambiando de actitud, sino que también las tiendas se están transformando en sucursales multifuncionales en pos de la optimización del tiempo del comprador.
    Así con una sabia mezcla entre tecnología y orientación al cliente pueden convivir dos o más negocios en un mismo punto, por ejemplo, un sitio donde se tienen servicios financieros, pero también se pueden adquirir artículos de consumo. Con un diseño bien ponderado, el espacio entrega lo mejor de ambos mundos pero no se pierde la identidad de ninguno. Un ejemplo, bancos en Europa donde en vez de hacer largas filas se toma café y se navega por Internet usando WI-FI; donde se puede hacer un negocio al mismo tiempo que se compra un regalo para la madre, y donde se puede tomar desde una estantería un crédito hipotecario o una cuenta corriente. Adicionalmente, ayudados por la tecnología , apenas el cliente cruza la puerta, es posible saber quien llegó, cual es su perfil y que es lo que necesita.
    Con estas condiciones, tanto el cliente como el vendedor no pierden oportunidades

    Particularmente el banco donde trabajo, implementó con gran éxito el llamado sistema Caja Vecina que consiste en la instalación de dispositivos de transacciones bancarias en tiendas de abarrotes ubicadas en los lugares más apartados de Chile, Con ello y en forma presencial los clientes pueden realizar muchas de las operaciones de un banco.

  5. Con el comentario que voy a realizar acerca del artículo de Francisco José, no quisiera aparecer como un quintacolumnista, desleal a la comunidad digital en la cual me encuentro inmerso, siendo yo fiel exponente de un usuario y consumidor de tecnología.

    Pero eso no significa que voy a hacer oídos sordos o estar ciego o voy a callar ante la cruda realidad. Se ha prometido por años que tal o cual invento, tecnología, aparato, software o hardware, etc., te hará más feliz, o conseguirás un ahorro de tiempo el que podrás disponer para tu familia y entretenciones, mejor calidad de vida, serás más productivo y eficiente en tu trabajo, tu gestión será de excelencia, y un sinfín de promesas, remedios y pomadas para cuanto sueño, necesidad o problema uno tuviera.

    Pero lo que ha ocurrido verdaderamente es que estamos hundidos, sumidos, ahogados con nuevos achaques y problemas, desconocidos en un tiempo ya pasado (aquí suspiro), surgidos justamente por esta nueva ola de máquinas, artificios, artefactos e ingenios generalmente llenos de cables y consumidores de pilas y baterías, y que precisamente su labor parece ser producirnos más dificultades y malos ratos que placer.

    Ahora el supuesto tiempo que nos sobra hay que dedicarlo a “respaldos”, protegerse de virus, correr a comprar más memoria para los siempre necesitados computadores, subir fotos personales para que las vea gente que uno apenas conoce, bajar música, películas y una infinidad de información que tal vez nunca usemos, deshacerse de spams, spyware, malware y otros “wares” y para qué seguir.

    ¿Dónde está el quid del asunto? El tiempo de sobra para usar a nuestro antojo, promesa incumplida de un paraíso prometido.

    Si uno se detiene en el ejemplo de Francisco José, acerca del “vitrineo” virtual y su complemento en terreno para la compra de un bien a través de Internet, se da cuenta que ya está sacrificando un tiempo extra que en épocas pasadas tal vez servía para leer un libro o jugar al palitroque…

    El tiempo, por supuesto, es el bien más preciado y escaso, imposible de adquirir ni siquiera un minutito con todo el oro del mundo. Entonces, aquí le pregunto a mi colega Francisco José, que significa que “el tiempo es uno de los bienes más preciados dada su aparente escasez” que él postula… Exijo una explicación, por eso de “aparente”…

    Ahora bien, debo reconocer que ya prácticamente no voy al banco, casi todas la operaciones usuales se pueden realizar a través de Internet, o sea, ahorré tiempo, es cierto, y gasolina si tengo auto, o una par de euros en movilizarme por transporte público. Tengo, además, toda la información del mundo al alcance de un clic. Cartas, sobres, estampillas, búsqueda de buzones son cosa del tiempo de las polainas, ahora escribo y envío rápidamente correspondencia vía correo electrónico y puedo adjuntar fotos, música, presentaciones, etc. Antes mandaba tarjetas de saludo navideño a 30 ó 40 personas, reconozco que con bastante esfuerzo y un gasto relativamente significativo. Ahora puedo enviar “n” sin mayor consumo de energía ni gasto pecuniario, en un abrir y cerrar de párpados. En fin, los buenos y malos ejemplos relacionados con el uso de la tecnología se pueden contar por miles. Sólo he hecho un brevísimo resumen acerca del uso del PC y la Internet. ¿Y el celular, TV y fotografía digital, juegos electrónicos, redes y…?

    Ahora voy a “bajar” Don Quijote de la Mancha, para un amigo que posee un lector electrónico de libros digitalizados. Ya tiene 10.000 libros almacenados. Con esta tecnología, ¿cuántos podrá leer a la vez? Él me responde que lo importante es que no le pesa tal número de libros…, y que si se aburre con uno o quiere cambiar de tema, no tiene que pararse a buscar otro… Alguien astutamente opinará aquí que se ahorra la estantería y el espacio que ocuparía…

    Espero no parecer irreverente, sólo he pretendido relajarme un poco a medida que envío trabajos a la universidad; durante este proceso pienso un poco, sobre todo en que no existe tecnología para sacarme de una duda: cuántas naranjas hay en los miles de naranjos de la ciudad de Sevilla… Tal vez sólo cálculos y aproximaciones de algún concienzudo ciudadano…

    Para ganarle tiempo al tiempo, aprovechando que mi PC es multiprocesador, multitarea, multiusuario, multifalla, le efectúo simultáneamente un afinamiento, desfragmento y optimizo el disco duro…, miro los registros de amenazas, los archivos en cuarentena, y atiendo el aviso de una nueva actualización de un software que se autoinstaló alguna vez y que ni siquiera sé cuál es su gracia; tal vez permanezca por siempre arrinconado en un sector del disco duro, ocupando los bits y bytes tan necesarios hoy en día.

    En realidad, ¡no hay salud! En todo caso, Long live the PC.

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