OTRAS TENDENCIAS, OTROS PROPÓSITOS, OTROS FINES GLOBALES


Con este artículo no se pretende, ni se puede, sentar cátedra (a pesar de los textos de grandes investigadores y emprendedores que se transcriben) tan sólo expresar, en parte, una elaboración personal del conocimiento adquirido, y ofrecer una crítica constructiva a la actual forma de praxis económica, personal y empresarial, a mi juicio injusta e insolidaria. Partiré así de una serie de afirmaciones personales que se oponen a lo generalmente supuesto y aceptado por el conjunto de actores económicos.

  • La Economía es una actividad más de la sociedad. No es la única, ni lo es todo. El antropólogo social  Dr. David Florido del Corral escribe << la economía no es una ciencia aislable del resto de formas de conocimiento y de sistemas sociales, ni un modelo de racionalidad expresable en guarismos matemáticos –expresión de máxima racionalidad-, sino una faceta del comportamiento social humano que ha estado siempre al socaire del contexto histórico en el que se desenvuelve.>>
  • La Globalización no es otra cosa que la imposición de la voluntad  de una clase oligárquica sobre el resto del mundo << Bill Clinton fue, en realidad, un im­perialista mucho más eficaz que George W. Bush. Durante el gobier­no Clinton, Estados Unidos impuso su voluntad de manera indirecta a las demás naciones. El gobierno de George W. Bush, por el contra­rio, dejó a un lado todos los principios legitimadores y adoptó la po­sición de que la fuerza hace el derecho. La historia nos enseña que un país expansionista debe, al menos, disimular lo que hace si desea con­solidar sus ganancias. Ha de fingir que explota a los débiles por su propio bien, o por su propia culpa, o como resultado de un proceso inevitable, más allá del control humano, o como consecuencia <de la extensión de la civilización o de acuerdo con leyes científicas; lo que sea, excepto como resultado de la agresión deliberada por parte de una superpotencia. Clinton enmascaró su política tras la bandera de la «globaliza­ción». Esta demostró ser muy eficaz para convencer a las naciones ri­cas pero crédulas de que debían seguir las órdenes de Estados Unidos —por ejemplo, Argentina—, para desestabilizar a rivales en potencia [p. 286] —como Corea del Sur e Indonesia, durante la crisis económica de 1997— y para proteger los intereses económicos internos —mantener los precios desmesurados de las empresas farmacéuticas norteameri­canas con la excusa de estar defendiendo los «derechos de propiedad intelectual»—. En la década de 1990 los argumentos del libre merca­do y la economía capitalista fueron empleados para disimular el poder hegemónico de Estados Unidos y hacerle parecer benigno o, al menos, natural e inevitable. Los principales agentes de ese imperialismo fueron Robert Rubín, el secretario del Tesoro de Clinton, y su adjunto (en la actualidad rector de la Universidad de Harvard), Lawrence Summers. Estados Unidos gobernó el mundo, pero lo hizo de una forma tan cui­dadosamente disimulada que consiguió un alto grado de aceptación en los países dominados.>> (Ch. Johnson, Las amenazas del imperio. Militarismo, secretismo y fin de la república, Ed. Crítica, Barcelona, 2004, cap. 9)
  • El ser humano no es un recurso empresarial, sino una necesidad para los demás seres humanos, para la familia, para la comunidad, para la especie. ¿Hay algo más valioso que un ser humano? El Derecho y la costumbre dicen que no. Ateniéndonos a la aplicación de las leyes, el delito castigado con mayor pena es el de quitar la vida a un ser humano. No es la evasión de capitales, el robo, el cohecho o cualquier otro delito económico. En tiempo de paz, el único delito por el que algunos Estados quitan la vida a un ser humano es el de privar de su vida a otro ser humano.
  • Las necesidades emocionales de los seres humanos no pueden ser cubiertas por bienes tangibles adquiridos con dinero: <<la prosperidad no se reduce a la abundancia material, sino que es la capacidad de desarrollarnos, de disfrutar y gozar como seres humanos dentro de los límites que nos marca el planeta. Hasta ahora hemos asimilado prosperidad con crecimiento de la actividad económica material en un planeta generoso. Seguir haciéndolo, pronto no será posible y, por tanto, el reto es crear las condiciones que hagan viable una prosperidad compartida en una sociedad plural y en un mundo ecológicamente constreñido. Ningún país por sí solo puede iniciar un cambio de esta naturaleza, pero, sin el concurso de todos, nadie lo logrará>>. Marcel Cordech. El Periódico 22/19/2009)

  • La convivencia en este mundo que habitamos, es la base de las interacciones humanas, incluidas las de mercado. El respeto y la solidaridad son los valores que permiten la interacción pacífica. La piedad (la pietas de los romanos), [es] concebida como la profunda creencia en que hay que ser respetuoso y servicial con las otras personas del propio grupo, con independencia incluso del cariño que pueda existir entre los miembros de una comunidad. El afecto llega a donde no llega el amor, y es la base, por ejemplo, del matrimonio tradicional. Así, por ejemplo, el matrimonio romano antiguo sólo se puede disolver cuando falla la afectio maritalis. (UN CEREBRO Y DOS FORMAS DE PENSAMIENTO. CONSIDERACIONES SOBRE LA CULTURA, LA GRACIA Y LA PIEDAD. Genaro Chic García)

  • Convertir al ser humano, creándole nuevas necesidades no relacionadas con su desarrollo personal, en un “sumidero de consumo” es extirparle su humanidad. <<…[el consumo], se ofrece convencionalmente como un elemento necesario en las economías de mercado bajo diversos subterfugios ideológicos. Lo paradójico es que en los análisis más convencionales se presenta como la fase última del proceso económico, culminando el mismo, cuando se ha convertido en la inicial y motriz de la acumulación de capital.>>(Dr. David Florido del Corral)
  • La afirmación de que  los trabajadores asalariados deberán acumular capital en su etapa de plenitud laboral, para después, en la de decadencia, utilizar ese capital en su exclusivo bienestar y abandonar esta vida sin nada que dejar en herencia a sus descendientes, no explica que los no asalariados detentadores del capital, por su cuantía, no llegarán a gastarlo a lo largo de su vida, y sí dejarán herencia a sus hijos; y éstos, con una razonable administración, a los suyos. Se perpetuaría así una clase oligárquica dirigente, claramente diferenciada de la clase trabajadora, a la que no se podría acceder excepto por derecho de nacimiento. Volveríamos así, trescientos años atrás, a los supuestos del Absolutismo Monárquico.

  • El dinero no ayuda a conseguir la felicidad, permite obtener más bienes de consumo y servicios. Que esto, aparentemente, haga felices a muchos seres humanos facilitándoles conseguir un status socio-económico alto desde el que poder paliar la ansiedad que genera la creación de nuevas necesidades por parte del Mercado, no implica otra cosa que la adecuación de la estrategia aplicada para mantener un creciente nivel de consumo. Según el antropólogo norteamericano Marshall Sahlins  <<una de las ideas motrices de la cultura de mercado es hacernos creer que nuestro comportamiento económico es una mera cuestión utilitaria, práctica, una forma de calcular mediante maximización (ahorrar costes para lograr los mayores fines>> (“Análisis de los procesos económicos desde una perspectiva institucional y aplicación al Consumo. ”David Florido del Corral. Departamento de Antropología Social. Universidad de Sevilla)

  • El dinero es un elemento fiduciario basado en la confianza, en la fe de los que lo utilizan, que sirve para cuantificar el valor de los bienes y servicios. Formalmente no vale más que el papel que usa el ser humano para otras necesidades. Con anterioridad a su creación y uso existían otros modos para cuantificar y equilibrar las transacciones: grano, animales, metales, servicios, o cualquier otro medio que, de mutuo acuerdo,  los participantes en el trueque estimaran aceptable. El catedrático e investigador Genaro Chic escribe <<A mediados del siglo XVII se produjo la revolución copernicana, cuando el italiano Galileo demostró visualmente, a través de su telescopio, lo bien fundada que estaba la teoría del polaco Copérnico de que no era el Sol el que daba vueltas alrededor de la Tierra sino al contrario. Al ser desplazado el hombre del centro del Universo donde lógicamente (pues la evidencia era que el Sol y las demás estrellas giraban en torno a la Tierra, y no al revés) se consideraba situado (la Biblia, montada sobre esta idea, tenía razón)se encontró perdido en la nueva situación . Ahora el hombre se veía constreñido a cambiar de razón, con lo cual se demostraba que ésta, la razón, no es más que una forma que tiene nuestro cerebro de conocer la realidad, pero no es la realidad misma. Pero el hombre no quiso aceptarlo. La solución emocional -teñida eso sí de racionalidad- que se le ocurrió es que, si bien parecía claro que no estaba en el centro del Universo, como antes se sostenía, más claro le parecía que él, con su poderosa razón, ERA el centro del Universo y por consiguiente podía alterar el orden natural a conveniencia, dado que el Dios externo de antes había sido sustituido por la fe en la potencia interna del hombre, manifestada en ese elemento supremo de la fe humana actual que es el dinero inmaterial, ese que los banqueros crean de la nada, multiplicando siempre la fe en el progreso.

    Fue ello lo que impulsó a la sustitución de la antigua moneda metálica, que tenía como tal metal una limitación en cuanto a la cantidad de que se podía disponer (como demostró la caída del Imperio Romano cuando tuvo más gastos que disponibilidad de moneda, al no haber inventado el dinero fiduciario -de fe-) y, desde mediados del siglo XVII se empezó en algunos puntos a reconocer el valor general de la moneda de papel, antes limitada a las transacciones privadas. La moneda, transmutada en dinero sin fin, producto de los préstamos continuos que de ella hacían los banqueros sin atender a la materialidad de la moneda que servía de referencia, permitía un desarrollo igualmente ilimitado, espoleado por la necesidad de pagar las deudas contraídas con los bancos.>>
    El dinero lo crean virtualmente las entidades financieras mediante la generación del crédito, y lo destruyen mediante su amortización. Si pretendiéramos almacenar físicamente todo el dinero que se mueve en el mundo no existiría suficiente papel ni metal para fabricarlo.

  • Las empresas no son entidades con personalidad propia (aunque se les asigne personalidad jurídica), son creaciones humanas que generan bienes y servicios para satisfacer las necesidades humanas. Su idea origen y su objetivo final nacen y acaban en el ser humano. La obtención de beneficios sobre el coste de producción sólo es consecuencia de la estrategia de los socios capitalistas para generar más capital en su provecho, y está basada en la ecuación “dinero para producir más mercancía para generar más dinero”. Esta ecuación es la base de funcionamiento de las entidades financieras. Socios capitalistas o inversores en empresas y detentadores de acciones de entidades financieras tienen los mismos fines y objetivos. Si éstas últimas son las creadoras del dinero mediante la generación de deuda, y esta deuda se destina finalmente, por el ser humano, al consumo de bienes y servicios, se deduce que la creación de bienes y servicios está dirigida por inversores, capitalistas y negociantes de dinero, a la generación de la deuda del consumidor. Así la creación de más necesidades y su satisfacción a través del consumo de más bienes y servicio, sólo busca la deuda de una inmensa mayoría de seres humanos hacia una privilegiada minoría, y esto se traduce en la dominación y el sometimiento de la mayor parte de la humanidad a una minoría adinerada. Podríamos asimilarlo a un gran teatro planetario en el que unos cientos de miles de espectadores se satisfacen gratuitamente con la actuación de miles de millones de actores, que además tienen que pagar la entrada. <<Fue la banca la que, con sus comportamientos especulativos, fue creando burbujas que, al estallar, han generado los enormes problemas de falta de crédito. Y ahora están creando una nueva burbuja: la de la deuda pública. Su excesiva influencia sobre el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (este último mero instrumento de la banca) explica las enormes ayudas a los banqueros y accionistas, que están generando enormes beneficios. Consiguen abundante dinero del BCE a bajísimos intereses (1%), con el que compran bonos públicos que les dan una rentabilidad de hasta un 7% y un 10%, ayudados por sus agencias de cualificación (que tienen nula credibilidad, al haber definido a varios bancos como entidades con elevada salud financiera días antes de que colapsaran), que valoran negativamente los bonos públicos para conseguir mayores intereses. Añádase a ello los hedge funds, fondos de alto riesgo, que están especulando para que colapse el euro y que tienen su base en Europa, en el centro financiero de Londres, la City, llamada el “Wall Street Guantánamo”, porque su falta de supervisión pública es incluso menor (que ya es mucho decir) que la que se da en el centro financiero de EEUU. Como bien ha dicho Joseph Stiglitz, con todos los fondos gastados para ayudar a los banqueros y accionistas se podrían haber creado bancos públicos que ya habrían resuelto los problemas de crédito que estamos experimentando. En realidad, es necesario y urgente que se reduzca el sobredimensionado sector financiero en el mundo, pues su excesivo desarrollo está dañando la economía real. Mientras la banca está pidiendo a las clases populares que se “aprieten el cinturón”, tales instituciones ni siquiera tienen cinturón. Dos años después de haber causado la crisis, todavía permanecen con la misma falta de control y regulación que causó la Gran Recesión. (Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Public Policy en The Johns Hopkins University)

La persona emprendedora, como expresa la Dra . Ana Ortí, Profesora de Cultura Emprendedora de la Universidad de Sevilla, “ha identificado una necesidad,  ha alineado sus expectativas personales con ella, y ha llevado eficazmente su idea a la acción planificando y ejecutado estrategias que generan valor”. Sí, el emprendedor que es necesario en estos tiempos que vivimos ha de crear valor, pero no monetario sino social. Ha de alinear sus expectativas con las de millones de otros seres humanos que necesitan nuestra piedad. Y mediante su empuje, su osadía, su imaginación y voluntad ha de intentar cambiar los fines y objetivos de muchos de sus semejantes: de la obtención de dinero a la obtención de mejoras  sociales globalizadas.

El individualismo que prima en la excesiva obtención de dinero ha de ser reconducido hacia la generación de beneficios para la comunidad global, si pretendemos evitar, como señala el profesor Genaro Chic en su comentario al libro de Ch. Johson, dar paso a un sistema de dominio militar, tanto a nivel externo como interno, y acabar con la democracia.

Pablo J. Moreno Núñez

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s