Camino hacia la Excelencia Personal


personaDesde que el mismo momento en que nacemos empieza un durísimo camino iniciático hacía nuestra plenitud.  O al menos así debería ser.

Nuestro camino está ineludiblemente ligado al aprendizaje. Una de las definiciones más comunes lo define como el  proceso a través del cual se adquieren nuevas habilidades, destrezas, conocimientos, conductas o valores como resultado del estudio, la experiencia,
la instrucción, el razonamiento y la observación. Tiene mucho que ver por tanto con la
educación  pero también con el desarrollo personal.

Pero ¿es que ambos conceptos se pueden entonces entender por separado?

¿No deberían los sistemas educativos preocuparse y ocuparse más de aspectos como la capacitación personal?

En una situación de crisis como la que vivimos, no sólo económica, sino de valores, quizás sería bueno cuestionarnos ciertos planteamientos para tener una visión coherente del mundo que nos rodea. Para mejorar y cambiar lo que no deseamos. Para no dar por
sentada verdades preestablecidas. Momentos como las que vivimos hoy día en
España son idóneos para sentar nuevas bases y cuestionarse viejos esquemas.

Deberíamos trabajar ya (porque no hemos hecho antes) en forjar generaciones capaces de ejercer con pensamiento crítico y constructivo, con capacidad de juzgar adecuadamente. Porque creo en una frase que leí en algún lugar: hay que saber para saber actuar bien. Generaciones comprometidas con la cultura y la excelencia en todos los aspectos de nuestra vida, no sólo profesional. La sociedad será la beneficiaria del esfuerzo, pero
sin duda el individuo lo agradecerá aún más.

Pero quizás no interese.  Quizás esto haga peligrar los cimientos de un sistema preestablecido y hondamente arraigado, y resulte conveniente para
algunos que las cosas sigan igual: jóvenes y no tan jóvenes que acumulan
títulos universitarios vacíos de contenido, desorientados y desilusionados. Sin
un hábito adquirido orientado al esfuerzo y la superación personal. Acomodados
en una sociedad que atrofia su sentido de la iniciativa. Quizás así  les resultamos más cómodos.

¿Hablamos de una utopía al querer un futuro donde los esfuerzos personales tengan su justa compensación? ¿Donde quienes así lo deseen puedan ejercer su vocación? ¿Donde miremos a nuestros dirigentes con orgullo y credibilidad?

Sin embargo no estamos en este foro por la labor de seguir la inercia. Y no estamos solos, sin duda alguna. Muchos comparten la creencia de que depende de cada uno revertir la situación, pero pienso que si bien es cierto que hay individuos en los que la iniciativa es
parte de su personalidad, también lo es que puede estimularse en aquellos donde
se encuentra adormecida. Es aquí donde iniciativas como Siscapem juegan un
papel fundamental.

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