¿Qué aprendemos cuando nos evalúan?


Este semestre en la tercera o quinta clase de un curso un alumno preguntó por el “Programa del curso”, yo ya lo había explicado en la primera clase extensamente, pero como algunos alumnos faltaron lo volví a hacer. Expliqué el sentido del curso, la relevancia para sus carreras profesionales y los contenidos que veríamos. Al terminar la explicación una alumna insistió en que necesitaban conocer el “Programa del Curso”. Preguntando más acerca de qué es lo que querían me explicaron que lo que necesitaban saber era exactamente cómo se les evaluaría, cuándo, con qué mecanismos, cuáles eran las dimensiones de la evaluación y en rigor cómo se aprueba el curso.

Hago clases en universidades por más de 15 años y esta tendencia ha ido en un aumento exponencial. Hoy a una gran mayoría de alumnos les importa mucho más el cómo pueden aprobar el curso que lo que aprenderán en él. Se han vuelto especialistas en gestionar su aprobación. No es raro que los pregunten “¿profesor qué va a entrar en la prueba?” y obviamente estudiarán aquello que se les indique y el resto no. El resto carece de importancia real y pragmática.

Cumplen con lo que se les pide, estudian lo que se les pide, si tienen que participar en clase lo hacen, si tienen que cumplir con una asistencia mínima también lo hacen. Y si descubren que el profesor abre las puertas para negociar los estándares o escucharlos en sus problemas personales para cumplir con algo pueden estirar la cuerda hasta donde les sea posible. El objetivo es cumplir con lo que les hemos enseñado a cumplir: aprobar y sacarse buenas notas. El resto es perder el tiempo, perder eficiencia y perder eficacia.

Y esto no es raro, es lo mismo que pasa en empresas y servicio públicos, las personas están orientadas a lograr las metas y los compromisos de gestión,  en general a cumplir con los indicadores que tienen para sus desempeños. El resto no es relevante. Si un servicio es evaluado fuertemente un año por calidad de atención de eso se preocupará y si el año siguiente es por disminuir costos eso hará. No es necesario hacer un esfuerzo ni preocuparse por aquello que “no importa”. Es más, sus colegios son evaluados de igual forma. Principalmente por el SIMCE y los resultados en la PSU. No hay ranking de colegios con mejor relación profesor alumno, ni colegios que  fomenten la pasión por aprender, ni por colegios con mejor calidad de vida estudiantil. Y si no hay ranking no es importante.

En el mundo del management se dice que podemos gestionar todo aquello que sea medible. Algo que a veces no nos percatamos es que podemos gestionar “sólo” aquello que medimos y controlamos. Lo medible y controlable ocupará el centro de las preocupaciones y todo lo demás pasará a segundo plano. Y una de las dificultades con la calidad de vida estudiantil es que no la podemos medir objetivamente, como no la medimos no la controlamos y como no la controlamos no es tema central.

Entonces nuestros alumnos han aprendido rigurosamente aquello que les hemos enseñado con tanta preocupación, esmero y marketing.  Tienen que cumplir con los indicadores de gestión del estudio: aprobar sus ramos y sacarse buenas notas si quieren ser exitosos.

Hace unos años me tocó traer a Chile a Bernard Lietaer, importante economista Belga que estuvo a cargo del equipo que creo el Euro. Lietaer aparte de anticipar  varios años antes la última crisis que aún estamos viviendo, habla acerca de dinero y sus consecuencias. Como parte de la visita de 10 días participó en un par de seminarios y tuvo conversaciones con distintos grupos de profesionales y personas en Chile, desde ejecutivos de grandes empresas hasta Brahma Kumaris. Lo interesante fue que la conversación más entretenida, en la que le hicieron las preguntas mas “inteligentes” y en que el auditorio estuvo más interesado fue en un colegio, el Colegio Rudolf Steirner. Este colegio tiene entre otras particularidades la de no hacer pruebas ni poner notas de primero básico a cuarto medio (obviamente no es un colegio acreditado). En estos jóvenes alumnos se veía, respiraba y sentían las ganas por aprender, por entender y comprender el sistema monetario, la forma en que opera el dinero y cómo nuestra sociedad está totalmente construida sobre el paradigma actual del dinero. El resto de los grupos con que conversó fueron más pragmáticos, más concretos y casi utilitarios al hacer sus preguntas y al escuchar al economista Belga.

Los indicadores y sistemas de evaluación llevan el interés, las preocupaciones y las dedicaciones hacia donde ellas apuntan.  Y por consecuencia invisibilizan todo el resto.

Si queremos generar colegios y universidades que formen personas con capacidad y amor por aprender, como creo que era antes, es necesario que desarrollemos metodologías pedagógicas y de evaluación que no tengan su centro en la prueba, la evaluación o la nota, sino en el maravilloso camino del aprender, conocer y crear.

3 pensamientos en “¿Qué aprendemos cuando nos evalúan?

  1. Eduardo, con éste tema das en la “llaga” de una de las múltiples razones por las que ha fracasado todo un sistema educativo de alto nivel en una cultura “consolidada” como se supone que es la de mi país. Esto me provoca el comentario que hago.

    Desde hace más de 20 años vengo ejerciendo una profesión/vocación que es la enseñanza, desde los niveles más básicos, hasta los niveles más elevados del post-grado (en los recientes cursos de Post-Master ofertados por EGEU).

    Lamenteblemente, he de coincidir contigo (salvo honrosísimas excepciones), de que el alumno, en una gran mayoría, primero busca el titulo, a ser posible avalado con un sello, (para lo que se preocupa de cubrir esos standares de que hablas de forma cuantitativa), y, luego, como ellos me han confesado en muchas ocasiones “ya aprenderé lo que necesito para ejercer mi trabajo” (es decir, ya desarrollaré mis habilidades más “Blends” cuando lo necesite, por lo que, considero, que esto es una pérdida considerable en el potencial desarrollo de las capacidades tanto racionales como emocionales de un individuo.

    Es más…. conozco casos en los que incluso hay alumnos que compran estos resultados sólo para conseguir el titulo. Es decir, que pagan a otros alumnos para que se presenten a los exámenes. He visto casos en mi Universidad, y más que ganas de abrirles expediente, me han dado una considerable “pena”, básicamente por la manera tan tonta de conseguir un título, ya que el conocimiento asociado al mismo, no sólo no lo tienen, sino que además serán incapaces de obtenerlo, ya que desgraciadamente, esa tendencia a lo “facil” en el aprendizaje, llega un momento en que atonta a las personas.

    Creo que este es un gran reto al que nos enfrentamos los profesores_entrenadores del aprendizaje del futuro.

    El coaching-Learning, no es más que una “expresión” anglosajona de la necesidad de despertar en nuestros alumnos esa avidez por aprender de la que hablas, con independencia de los standares a conseguir. Si una persona está motivada para entrenar su propio sistema de aprendizaje y cuenta con las herramientas y recursos adecuados (de ahí la específica labor del coach), no sólo conseguirá alcanzar estos estandares como meta final, sino que éstos se convertirían en meros límites de referencia básicos para estimar los resultados del aprendizaje.
    Creo que, en este caso, los profesores/entrenadores del aprendizaje debemos asumir nuestra verdadera responsabilidad en la “educación para el aprendizaje” de nuestras futuras generaciones.
    Saludos Cordiales, y como siempre, gracias Eduardo por tus siempre interesantes aportaciones.

  2. Me ha parecido una reflexión extraordinariamente interesante que viene a casar con el discurso que desde hace tiempo y en determinados foros se desarrolla, en tanto qse detecta la necesidad de dar un giro al enfoque del sistema educativo poniendo de relevancia la capacitación personal como pilar para la capacitación técnica.
    Impera la “ley del mínimo esfuerzo” y esta limitación a la superación, la curiosidad, la iniciativa, nos adormece y aletarga y a su vez, nos convierte en seres peligrosamente dóciles.
    Gracias Eduardo.

  3. Aún hay quienes creen en la Enseñanza, así como en la Evaluación, las cuales desde el enfoque Sociopoiético no existen, ya que están operarían, si existieren, en el entorno.
    En cambio el Aprendizaje opera en el Dominio de la Estructura, por tanto está limitado, en términos reales, por el Determinismo Estructural.
    Si observamos por ejemplo Disciplinas como la el Pilotaje de Aviones o la Cirugía en el Ámbito de la Medicina, estás prometen resultados deseados, en función de las horas de formación y práctica.
    Por tanto, ¿qué será mejor?, ¿qué evalúe el profesor que pretende enseñar?, ¿o la situación que busca la resolución de un problema?
    Las evaluaciones miden conocimiento, pero una situación real, como una crisis, exige imaginación, para resolver y salvar problemas.
    Así entonces, como lo plantea el Tío Alberto (Albert Einstein);
    “En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”.
    +”En tiempos de crisis la imaginación es más efectiva que el intelecto”.
    +”La imaginación es tan importante como la sabiduría”.
    +”La imaginación es más importante que el conocimiento”. Esto a pesar de que “La única fuente del conocimiento es la experiencia”.

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